Nacer y no recordar nada. Inspirar amor (mucho al comienzo, luego cada vez menos a cada vez menos personas). Volverse insoportable de tanta alegría y energía. Ser el objetivo de regaños injustos. Colegio. Empezar a darse cuenta de que hay niños idiotas, muy idiotas y definitivamente imbéciles. Tener amigos, jugar fútbol. Seguir recibiendo regaños injustos (aunque un poco menos injustos que antes). Darse cuenta de que la semilla de la maldad se sembró en el momento en que se comienza a andar en grupo, a atacar al débil, al diferente. Más fútbol, siempre fútbol. Pelear, arreglarse. Darse cuenta de que hay gente que no nació para pensar. Darse cuenta de que hay gente buena para diferentes cosas, de que hay habilidades diferentes. Preguntarse para qué es bueno uno. (Darme cuenta de que las niñas tienen algo que me hace mirarlas fascinado indefinidamente (pero no las puedo mirar indefinidamente)). Darse cuenta de que las niñas, a pesar de ser iguales a los niños, son diferentes a los niños. Son inexplicables, hermosamente inexplicables. Seguir recibiendo regaños cada vez menos injustos. Un día, el mundo se vuelve una porquería. No soportar a los padres, a los profesores: al adulto. Todo es oscuridad, excepto en los momentos con los amigos y en las fiestas el pesimismo se instala, las cosas se vuelven aburridas sin saber por qué. Vienen los dramas estúpidos, las cosas de “vida o muerte” que en realidad no tienen la menor importancia. Las pajas. El amor (o simulacro de amor) que pareciera indestructible. El corazón roto por primera vez. La semilla germinó hace rato y ya está instalada, con sus múltiples ramas y hojas. Borracheras, adicciones, estupidez. Rock and roll, música todo el tiempo, estridente y desordenada y frenética y apasionada. Todo sigue mal, todo es drama. Seguir viendo a las mujeres, cada vez más inexplicablemente hermosas y hermosamente inexplicables. Rebeldía inútil. Rock and roll, fútbol, fiesta, alcohol, drogas, interesarse por nada que no sea la gratificación instantánea, probablemente por la incapacidad de pensar en el futuro que se ve tan lejos y desconocido, tan extraño y vaporoso. Flotar en el mundo, dejándose llevar por el viento. Desesperación de causa poco clara. Tranquilidad con los amigos sentados todos en un parque o en cualquier lado, viendo pasar gente y siendo escandalosos, queriendo sacar a gritos y risas toda esa frustración por no comprender que no se comprende el mundo, aullando la rabia, vociferando fuera todo el veneno. Putear a un mundo que no se deja terminar de entender, pero hay que putear al mundo por ser como es. Sexo. Mal sexo, pero eso se sabrá solamente años después. Buen sexo porque es con muchas ganas. No tener ni idea de nada. Volverse insoportable de tanta amargura y dramas estúpidos. Pelear, arreglarse. TENER que decidir, así en mayúsculas, qué se quiere ser en la vida. Sin tener ni idea de nada, sin haber visto nada, flotando en el mundo. Escoger algo, siguiendo el plan establecido. Comenzar otra vez, conocer gente idiota, muy idiota o definitivamente imbécil. Tener amigos, jugar menos fútbol, beber más. Tratar de encajar. La ramas se fortalecen cada vez más, cada vez dan más hojas. Perder el tiempo con arrogancia. (El tiempo es paciente y se vengará, no lo duden). Volverse insoportable de tanta arrogancia. Más sexo, más corazones rotos. Más rock and roll, más oídos y mente abiertas. La desesperación y el pesimismo casi iguales. Más fiestas, más borracheras, más estupidez. Una novia en serio, el amor es por un tiempo (todo es por un tiempo). Algo menos de borracheras, algo menos de desesperación y pesimismo. Hermosamente inexplicable. El tiempo comienza a volverse escaso: hay que dividirlo y organizarlo, distribuirlo para que alcance, denme una ración de tiempo para llevar, por favor. Mejora el sexo. La gente y el mundo siguen siendo iguales, pero ya no hay tanto tiempo ni ganas de putearlos, porque hay muchas cosas por hacer para cumplir con lo que hay que hacer. Si hay regaños, son definitivamente justos. Corazón roto nuevamente. Terminar la carrera, conseguir un trabajo porque así está escrito el guión. Sin conocer nada, sin haber visto nada. Fútbol casi nunca jugado. De nuevo, gente idiota, muy idiota o definitivamente imbécil. Con suerte, amigos. Con suerte, novia. Ramas gruesas, tronco muy bien asentado, hojas frondosas. A producir, que es lo que toca. Comprar y comprar y producir y producir para poder endeudarse para comprar y tener que seguir produciendo. La desesperación y el pesimismo son diferentes. El sexo, con suerte, mejor. Pelear, arreglarse. Volverse insoportable de tanta superficialidad. Menos borracheras porque el guayabo es muy duro. Menos rock and roll. Noticias o música nada estridente, ni desordenada, ni frenética ni apasionada, por favor. Mente y oídos cerrándose otra vez, para siempre. Corazón roto. Quejarse del clima y oír quejas del clima, sin importar qué clima haga. Dejar de tener de qué hablar. Vivir con la pareja. Con suerte, seguirá siendo hermosamente inexplicable y viceversa. Hijos que se volverán insoportables de tanta alegría, luego insoportables de tanta amargura y dramas estúpidos, que reciben regaños injustos y no tan injustos. Volverse insoportable de tanto regañar. Pelear y tal vez no arreglarse. Seguir produciendo. Algo de fútbol. Sexo cuando haya tiempo. Con suerte, no más corazón roto. La gente y el mundo y el árbol siguen iguales. Cansancio. El tiempo desperdiciado sigue su venganza sin prisas, erosionando la vida con la paciencia del agua. Ahora queremos tiempo pero ya el tiempo no quiere darnos nada más que lo necesario (les dije que se iba a vengar). Ahora, de repente y al saber lo que se viene, ahora que el futuro ya no es tan oscuro, se nos viene la humildad para pedir más tiempo pero el tiempo no nos va a perdonar porque desde hace mucho se sabe que el tiempo perdido no vuelve y sin embargo, con arrogancia, lo malgastamos. Un regaño justo. Con suerte, amor. Con suerte, sexo. Con suerte, el equipo queda campeón. La gente y el mundo siguen y seguirán iguales. Con suerte, una enfermedad que mate rápido y sin tanto dolor. Repasar la vida y darse cuenta de tanto desperdicio de tiempo, de tantas preocupaciones y dramas que no eran tales. De que la gente puede ser estúpida, pero eso no los hace necesariamente malos. Y de que el imbécil puede ser (y ha sido, seguramente) uno. Con suerte, perdonar y perdonarse. Con suerte, morir en la cama, rodeado de amor definitivamente inmerecido. Hermosamente inexplicable.


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