Barnum Effect presenta

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LA TÉCNICA DE LOS 3 DEDOS.

Temo a las ratas. Las veo con sus ojitos brillantes como canicas, con su pelo grueso y sucio, percudido por eternidades de mugre y desperdicios, con sus dientecitos afilados e incontables, con su cola que parece una gruesa cuerda con vida propia (resignada y enfurecida por tener que estar pegada a su portadora), con sus ganas de comerse el mundo, e inmediatamente siento cómo un temblor nace en mi columna vertebral, expandiéndose por todo mi cuerpo como las ondas en el agua, siento el ramalazo eléctrico que me activa los nervios hasta hacerlos erizar, que me inunda de adrenalina producto del miedo y el asco. Les temo y por temerles las odio. Imagino que un día sabrán cuánto les temo y sabrán a cuántas he matado de todas las maneras posibles, y me imagino que querrán venganza (porque no son idiotas, por algo sobreviven siempre): un día despertaré a mitad de la noche oyendo un débil rumor, murmullos extraños y agudos, sentiré cómo algo pasa rápidamente por mi cara, marcándome, despertaré confuso sólo para descubrirme rodeado por ellas. No podré moverme, no podré gritar: el pánico y la repugnancia me inmovilizarán para dejarme a merced de las ratas. No importará la adrenalina ni los nervios erizados. No habrá nada que pueda hacer, pensaré mientras me doy cuenta de toda la situación, mientras interiorizo y acepto con desesperación e impotencia que el escape es imposible. No tendrá sentido ocultarlo, nadie ganará nada, las grandes verdades se manifiestan y lo que uno opine deja de tener relevancia porque la verdad lo ocupa todo de la misma manera en que las ratas ocuparán mi habitación. Entonces, con ese olfato afinado en incontables generaciones, se darán cuenta de que estoy indefenso y derrotado, de que lo que viene es inevitable e iniciará su venganza (la venganza de las ratas contra los gatos), su plan habrá comenzado y no se va a detener hasta completarse porque empezarán a morderme, una por una, despacio, iniciando (o arrancando, nunca mejor dicho) por los pies: siento cómo empiezan a desaparecer cada una de mis uñas, cómo sus dientes pellizcan mi piel con lentitud, con crueldad, rompiendo e ingiriendo músculo, grasa, llegando al duro hueso que roen sin dificultad, saboreándolo, disfrutando el tuétano, aprovechando cada pequeña porción que van desprendiendo de mí. Lo hacen, además, en el siguiente orden: del dedo gordo al pequeño, de la parte más distal a la proximal y del pie izquierdo pasan al derecho, todo para que yo vaya sabiendo lo que se viene, para sumarle al dolor y al miedo la angustia por la anticipación de lo ineludible. Tienen juego psicológico también, las ratas, no se puede negar. Su boquitas llenas de sangre (mi sangre) parecen sonreír, estoy seguro de que están sonriendo mientras veo cómo mi pie izquierdo y la mitad de mi pie derecho han desaparecido (me entristece que mi pie derecho esté yéndose, ya nunca podré cobrar tiros libres usando la técnica de 3 dedos, pienso que pensaré, con lo bonitos que me salían esos goles), estoy seguro de que esbozan una sonrisa de medio lado, sarcástica, satisfecha por estar completando su plan sin contratiempos, por ejecutar su revancha merecida, por redimir a sus amigas y familiares muertas por mí y mis amigos y familiares a través de mi muerte cruel, mientras me miran a los ojos y me muerden el último pedazo de tobillo que podré llamar mío, mientras hacen fila ordenadamente para probarme (me sorprenderá lo ordenadas que son, me demostrará que son seres fríos en cuanto planean una venganza, no se dejan llevar por las pasiones ni por el olor a carne y sangre: ejecutan su misión con una precisión impecable, la misma que yo tenía al cobrar los tiros libres); sonríen mientras ven cómo con cada mordisco reducen mi tamaño. Tobillos, piernas, rodillas desaparecerán en un mar de mordiscos diminutos pero tremendamente efectivos, en océanos de dolor y gritos ahogados e inútiles (de mi parte) por la desaparición de varias (de mis partes). Muslos. El dolor indescriptible que ya me dejó sin voz y sin lágrimas. Mareo. El deseo de que todo termine ya.

Pronto llegarán a mi entrepierna. Espero haber perdido suficiente sangre y desmayarme para ese momento

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