- Aquí, acostado en tu cama haciendo nada, matando el tiempo despacito y feliz, mirándote en el silencio de la mañana que aún no huele a café.
- Ya es hora de decirlo, de dejar de dar tantas vueltas, de rodearlo por todos los puntos, de esquivarlo. Creo que tú ya lo sabes. Y yo lo sé desde hace un tiempo.
Palabras llenas de polvo y telarañas, palabras guardadas en el armario (en el rincón izquierdo, al lado de los zapatos viejos), palabras que sólo necesitan ser limpiadas un poco para volver a relucir.
Son sólo 2 palabritas minúsculas, no ocupan mucho espacio ni siquiera al verlas juntas, pero su significado es gigantesco en estos momento. Por oírlas luchamos, buscamos, hacemos. Dejamos de hacer. Vivimos.
Ya sabes cuáles son.
3. Mis labios están rotos y sangran: quieren besarte; mi lengua pica, quiere estar dentro de ti una vez más; los ojos arden y lagrimean por no verte hace tiempo; mis manos se agrietan como protesta por no sentirte; mi nariz se congestiona al no sentir tu olor; pierdo audición: no quiero oír otra cosa que no sea tu voz.
Todo en mí se rompe, se derrumba porque no estás cerca, por no estar dentro tuyo, por no poseerte, por no arrancarte el corazón y violentamente morderlo para devolvértelo sin un pedazo: el pedazo que ahora es mío para siempre.


Deja un comentario