Barnum Effect presenta

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¿QUÉ ACABO DE LEER?

«Miremos el mar o a Marsella», me dices mientras mezclas mimosas.  ¡Maravilloso!, menciono, me complace muchísimo mirar el movimiento matutino de los martes mohosos o musgosos, de los miércoles misteriosos de muerte lenta. Me murmuras lo de mirar, Martha (mi mujer morena, mi mujer mágica, mi modelo, mi mundo majestuoso), y me motiva modestamente a mimarte, me muevo masivamente como un molino para que no omitas amarme: miremos el mar o a Marsella o mangueras o monstruos marinos: me da lo mismo, mi mensaje es meticuloso, musical y magnético, ámame, que no soy malévolo, que desmonté mi muralla, que no miento (me marea más de un momento, me martilla la mente, manifiesta en mí muchos morados y mialgias: no las mimosas, no las mentiras, mas la idea de que omitas tu amor, de que no lo merezco). Me maravilla mirarte, me martirizan tus mordiscos de murciélago que motivan mi marasmo.

¿Y si un maleficio te miente? Tu marcha me molestaría al máximo, me haría morir de mala manera: desamparado, mancillado, machacado. Marejada y maremoto mortales me menguarían mezquinamente, haciéndome minúsculo, microscópico, molecular. Microorganismo miserablemente melodramático, macilento, mudo y mamón. ¡Misericordia! ¡Maduraré sin miedo! (Pensamientos mórbidos, momentáneos: mejor calmo mi mentalidad mugrosa, es una molesta medusa en mis meninges, munición amenazante). Minimizo mi mente, modero mi mortificación (melancólicamente me menosprecié, magistralmente multipliqué mi magnificencia). Mejor reemprendo la contemplación del mar o de Marsella, con mimosas y con Martha, sin musitar.

Maravilloso.

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